Esta noche es para recordar ese sentimiento que desencadenó un rubor inconsistente en mi interior.
Esta noche es para velarla y trabajar.
Esta noche es para darse cuenta, que mis procesos cognitivos te llevan ya de cajón, y me siento estúpidamente inutilizado para tomar una decisión.
Después de todo, desde hace 10 meses, he sentido que aunque yo puedo solo, no estoy solo en lo que hago, en lo que digo, en lo que decido.
Conseguidme un poco de alcohol, al parecer, ha osado perderse.
Al parecer se me ha quedado atascada una parte de mi proceso de elección, y yo decido no tener que elegir.
Puede ser miedo a crecer, y tener que renunciar de nueva cuenta a muchas cosas.
Es extraño siquiera tener que considerarlo plausible.
Mostrando entradas con la etiqueta divagadas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta divagadas. Mostrar todas las entradas
Esquizofrenia
Hoy utilizaste esa palabra en su forma de adjetivo durante una de nuestras muchas conversaciones a lo largo del día.
-Creo que todos somos esquizofrénicos.-
Fue una frase cortante, dolorosa y llena de verdad. Después de escuchar tu punto no pude más que estar de acuerdo, a pesar de que simplemente por pronunciarla rozaste una herida cicatrizando y vuelta a abrir tras aquel incidente con la puerta. Notuviste compasión de mí y me enfrentaste con ese monstruo de mentiritas.
Supongo que fue para estar en la misma sintonía que definiste, por no decir buscaste en el Google, los alcances que la palabra conlleva según la aclamada academia y los psicólogos que la usan con los locos.
σχίζειν por división, y φρήν por mente. Literal. No tanto sería una escisión en la percepción de la realidad, a veces propia, a veces compartida, a veces ajena. Recordando por un instante, esa película del brillante matemático incapaz de controlar a ese trío de personajes implacables fue lo primero que vino en retroceso.
¿Y quién no ha podido escuchar esa voz (a veces varias) muy dentro de la cognición,
superando todas nuestras barreras, conociéndonos mejor que cualquiera? En mi caso, se ha presentado como alguien que me reprende cuando hago algo que está "mal", cuando sin querer sé de qué tratará alguna situación, cuando necesito actuar de manera rápida, y cuando se me ocurre una gran idea. Nunca lo había interiorizado hasta ese momento.
Sí, tenías razón porque es verdad. Por lo menos describí a 4 "yo's" que pugnan por imponer su punto de vista. Y me hiciste preguntarme, "¿quiénes son esas voces?" a lo que respondí tajantemente: "pues yo". Punto a mi favor.
E inmediatamente con la siguiente: "si tú eres esas voces, ¿entonces quién las oye?". Punto a tu favor.
De repente recordé otra de esas voces, porque estaba hablando en ese momento. Bueno, está bien, no hablaba, ¡gritaba!. Gritaba con ímpetu, con esfuerzo, con ganas de ser reconocida. La voz del niño egocéntrico y mimado, con ganas de hacer lo primero que se le ocurre.
¡Demonios, un quinto locutor! Pero yo (no estoy seguro si todos los que en ese momento sentía que me conformaban) permanecía en el choque de la segunda pregunta. No pude contestarte como la primera vez, ésta estuvo colmada de un tono de duda y consternación: "yo" (pudiendo sustituirla por "¿yo" pero no recuerdo muy bien si se le pareció más a una o a la otra)
Haciendo gala de su presencia, una sexta voz mía (¿esta vez yo?) se impuso al resto de sonidos delirantes; callándolos a todos de una vez te respondió con seguridad: "ese soy yo, el que oye. El que habla no siempre soy yo. Yo soy el que te aconseja positivamente, el que te critica para mejorar y quien te apoya sin importar qué. Tampoco miento, porque no hay forma más poderosa de hablar que hablar con la verdad".
Los presentes dieron la vuelta cabizbajos, murmurando para sí palabrotas. Y entonces quise contestarte que estaba de acuerdo, pero ya no fue necesario. Asentiste, y din darme cuenta asentí contigo.
Supongo que recordarás, al igual que yo, que fue papá quien llamó nuestra atención para preguntar que cómo habíamos dormido. - Mal - contestamos, casi ausentes. Y después de escuchar pacientemente lo que tenía que decir sobre domar al caballo (comer de una vez por todas, sin ascos, simplemente porque habíamos tenido hambre desde hacía horas y no nos habíamos preocupado por comer) pasó fugaz.
Una diminuta sinapsis conectándose por vez primera, estirando los axones como brazos después de despertar: Nosotros éramos uno solo. Yo mismo había relacionado el trastorno psicológico con el comportamiento de la mayoría de los humanos.
¿Hay alguna otra forma de aprender? No es sino hablando contigo, quiero decir, con uno mismo, que las voces trabajan por un fin común. Permanecer esquizofrénico para no volvernos locos, con el poder absoluto sobre nosotros mismos de silenciar a los torturadores... y aprender... y aprender...
Todos somos esquizofrénicos, sin duda alguna.
-Creo que todos somos esquizofrénicos.-
Fue una frase cortante, dolorosa y llena de verdad. Después de escuchar tu punto no pude más que estar de acuerdo, a pesar de que simplemente por pronunciarla rozaste una herida cicatrizando y vuelta a abrir tras aquel incidente con la puerta. Notuviste compasión de mí y me enfrentaste con ese monstruo de mentiritas.
Supongo que fue para estar en la misma sintonía que definiste, por no decir buscaste en el Google, los alcances que la palabra conlleva según la aclamada academia y los psicólogos que la usan con los locos.
σχίζειν por división, y φρήν por mente. Literal. No tanto sería una escisión en la percepción de la realidad, a veces propia, a veces compartida, a veces ajena. Recordando por un instante, esa película del brillante matemático incapaz de controlar a ese trío de personajes implacables fue lo primero que vino en retroceso.
¿Y quién no ha podido escuchar esa voz (a veces varias) muy dentro de la cognición,
superando todas nuestras barreras, conociéndonos mejor que cualquiera? En mi caso, se ha presentado como alguien que me reprende cuando hago algo que está "mal", cuando sin querer sé de qué tratará alguna situación, cuando necesito actuar de manera rápida, y cuando se me ocurre una gran idea. Nunca lo había interiorizado hasta ese momento.Sí, tenías razón porque es verdad. Por lo menos describí a 4 "yo's" que pugnan por imponer su punto de vista. Y me hiciste preguntarme, "¿quiénes son esas voces?" a lo que respondí tajantemente: "pues yo". Punto a mi favor.
E inmediatamente con la siguiente: "si tú eres esas voces, ¿entonces quién las oye?". Punto a tu favor.
De repente recordé otra de esas voces, porque estaba hablando en ese momento. Bueno, está bien, no hablaba, ¡gritaba!. Gritaba con ímpetu, con esfuerzo, con ganas de ser reconocida. La voz del niño egocéntrico y mimado, con ganas de hacer lo primero que se le ocurre.
¡Demonios, un quinto locutor! Pero yo (no estoy seguro si todos los que en ese momento sentía que me conformaban) permanecía en el choque de la segunda pregunta. No pude contestarte como la primera vez, ésta estuvo colmada de un tono de duda y consternación: "yo" (pudiendo sustituirla por "¿yo" pero no recuerdo muy bien si se le pareció más a una o a la otra)Haciendo gala de su presencia, una sexta voz mía (¿esta vez yo?) se impuso al resto de sonidos delirantes; callándolos a todos de una vez te respondió con seguridad: "ese soy yo, el que oye. El que habla no siempre soy yo. Yo soy el que te aconseja positivamente, el que te critica para mejorar y quien te apoya sin importar qué. Tampoco miento, porque no hay forma más poderosa de hablar que hablar con la verdad".
Los presentes dieron la vuelta cabizbajos, murmurando para sí palabrotas. Y entonces quise contestarte que estaba de acuerdo, pero ya no fue necesario. Asentiste, y din darme cuenta asentí contigo.
Supongo que recordarás, al igual que yo, que fue papá quien llamó nuestra atención para preguntar que cómo habíamos dormido. - Mal - contestamos, casi ausentes. Y después de escuchar pacientemente lo que tenía que decir sobre domar al caballo (comer de una vez por todas, sin ascos, simplemente porque habíamos tenido hambre desde hacía horas y no nos habíamos preocupado por comer) pasó fugaz.
Una diminuta sinapsis conectándose por vez primera, estirando los axones como brazos después de despertar: Nosotros éramos uno solo. Yo mismo había relacionado el trastorno psicológico con el comportamiento de la mayoría de los humanos.
¿Hay alguna otra forma de aprender? No es sino hablando contigo, quiero decir, con uno mismo, que las voces trabajan por un fin común. Permanecer esquizofrénico para no volvernos locos, con el poder absoluto sobre nosotros mismos de silenciar a los torturadores... y aprender... y aprender...
Todos somos esquizofrénicos, sin duda alguna.
Miedo al tiempo

-¿Por qué lloras?- pregunté, sé que lo que se avecinaba prometía cambios al por mayor, pero nunca imaginé que desataría esa reacción en él.
-Tiene que ver con el cambio, el cambio es nuevo, y no sé cómo más reaccionar- contestó de una forma impetuosa, en un tono de voz triste y bajo pero firme. La profundidad con que evocaba la fuerza de las palabras pronunciadas era extraída de las entrañas de la misma madre tierra.
-Y... ¿por qué dices que cambiará mal? Esto es sólo un paso en la vida adulta-
-Pues estoy harto de crecer, de creer en cosas que no tienen significado, de perder mi voluntad de hacer y deshacer, de poder mantener una conversación con los grandes, de aguantar su hipocresía y tener que comenzar de nuevo... estoy simplemente harto de crecer...- Algo en lo que nunca había reparado, se había vuelto un niño pequeño y un poquito pasado de peso, un niño al que los cambios siempre le significaron una pérdida.
-Crecer no es tan malo, ¿sabes?. Crecer te permite hacer muchas cosas que no solías poder hacer cuando pequeño-
-Pues, preferiría jugar y morir jugando a tener que hablar de lo que debemos hablar ahora. Son cosas a las que tampoco sé cómo reaccionar, y por eso queda el llanto... tal vez, sólo tal vez, cuando todo esto sea parte del pasado pueda decir que no fue tan malo-
-Ahí está, todo es cuestión de enfoques-
-Sólo quería decir, que si para crecer uno tiene que perder, el tiempo es un cabronazo de maestro que no respeta los tiempos de cada uno. Tengo miedo, simplemente tengo miedo- y al resonar de esas palabras con los muros blanquecinos del cuarto donde nos encontrábamos, me ví a mí mismo...
...y comprendí que con quien hablaba era esa parte de mí que no quiere crecer, por miedo a dejar lo que ahora soy y que me gusta, a ser lo que podría ser y no me gusta... quisiera crecer conservando al niño con sobrepeso que me hizo iniciar esta conversación, y al joven de pelo alborotado y perforación en la oreja que en este momento, también tiene miedo, pero lo refleja de diferente manera, con buena cara y las esperanzas en alto.
Funcional
¿Qué es funcional? Es una palabra de nueve letras, aguda y sin acento por terminar en ele. La terminación -al es el sufijo que nos indica relación con función, raíz escuchada hasta en las matemáticas con múltiples acepciones.
¿Qué es parecer funcional? Es necesitar la compañía de alguien más para sentir que puedes ser feliz, es esa codependencia de las relaciones narcóticas en busca de un adicto más, es esa pérdida de la integridad personal que no se nota a primera vista, sino que se oculta en frases rebuscadas y ocasionales moteles.
¿Qué es ser funcional? Lo funcional es lo que sirve, y aunque el actual diccionario de la Lengua Española no lo tenga dentro de las acepciones aceptadas, se aplica a una persona que se maneja por sí misma, que es capaz de proveer sus necesidades o en su defecto buscar en los lugares y con las personas correctas para satisfacerlas. Y a mi parecer somos funcionales, porque tú has construido una vida que funciona con cimientos fuertes, y así mismo yo (o al menos lo intento).
¿Qué es estar funcional? Es llamarme como me llamo y que no me llames de esa manera, es no necesitarte para vivir pero respirar mejor, es formar parte de la unidad de tus días, es completar tus oraciones y decir lo mismo, es ser una persona completa pero más feliz contigo. Y a mi parecer estamos funcionales, porque tú te apareciste en mi camino y yo en el tuyo.
¿Qué es parecer funcional? Es necesitar la compañía de alguien más para sentir que puedes ser feliz, es esa codependencia de las relaciones narcóticas en busca de un adicto más, es esa pérdida de la integridad personal que no se nota a primera vista, sino que se oculta en frases rebuscadas y ocasionales moteles.
¿Qué es ser funcional? Lo funcional es lo que sirve, y aunque el actual diccionario de la Lengua Española no lo tenga dentro de las acepciones aceptadas, se aplica a una persona que se maneja por sí misma, que es capaz de proveer sus necesidades o en su defecto buscar en los lugares y con las personas correctas para satisfacerlas. Y a mi parecer somos funcionales, porque tú has construido una vida que funciona con cimientos fuertes, y así mismo yo (o al menos lo intento).¿Qué es estar funcional? Es llamarme como me llamo y que no me llames de esa manera, es no necesitarte para vivir pero respirar mejor, es formar parte de la unidad de tus días, es completar tus oraciones y decir lo mismo, es ser una persona completa pero más feliz contigo. Y a mi parecer estamos funcionales, porque tú te apareciste en mi camino y yo en el tuyo.
...andina...

Deambula pequeña muchacha andina,
no te detengas, ¡no pares!
que hace daño a tu piel cansina
el frío de estos lugares
Piérdete en tu cabeza y sigue
no extravíes el camino
pero no vuelvas, te persigue
la añoranza del tiempo antiguo
Conserva la nota de tu madre
la soledad que regaló tu amante
sigue subiendo
mientras la cuerda aguante
Convéncete que los pies te arden
la ventisca nubla el juicio
ya harta del alarde
estás a un paso del precipicio
Deambula pequeña muchacha andina
la próxima vez que te veamos
¡habráse visto semejante cosa!
volverás muerta y retorcida
Resquebrajada por la vida
arrugada, alaridos profiriendo
mirada perdida
clavada en el piso y riendo
Deambula pequeña muchacha andina
a ser que permanezcas, vela en mano
con aquella esperanza tuya
la de no amarte en vano...
.jpg)
(esto lo escribí hace un largo tiempo ya... tiene más de un año. Hoy lo descubrí, y noté que cuando estoy inspirado, hasta a mí me gusta lo que escribo)
El mago
Y es que parecía copiado del libro que leía, en realidad el mago no sabía cuánto ella lo admiraba. Como cada viernes después de su merienda tradicional, la pareja se iba a dar un paseo para disfrutar del atardecer. Era una rutina nada aburrida, pues cada atardecer era diferente, ellos continuaban siendo los mismos (aunque no es del todo correcta esta aseveración) y la naturaleza les ofrecía ese espectáculo día tras día. Unos días ella recogía ramitas y hojas secas, en otros se tumbaban sobre el pasto seco a sonreírse mutuamente, algunas veces se dedicaban a mojarse bajo la lluvia y en raras ocasiones discutían en el trayecto.
Todo era normal, ella podía molestarse, pero el mago comprendía su enojo, el cual tranquilizaba cuando le correspondía (léase entonces cuando él sabía que lo había provocado conscientemente). El mago podía molestarse, pero enseguida se daba cuenta si su malestar era provocado por ella, o si había sido él mismo quien se impedía ser feliz. No es que no discutieran como puede verse, sino que mejor dicho, se enojaban sin dejarse de querer el uno a la otra.
Sus días transcurrían, ella leyendo sus historias, y el mago haciendo un sinfín de cosas cotidianas. Cada noche, el mago moría al conciliar el sueño, para renacer en los brazos de ella. Su mañana era dedicada por completo a verlo crecer, crecer hasta ser el que ella recordaba cuando el reloj tenía ambas manecillas apuntando al sur, y ya con su memoria repuesta, se dedicaban ambos a cocinar la cena, a preparar sus ropas para el paseo vespertino, a cenar a la luz de una vela (que el mago tenía la delicadeza de encender). Al acostarse, a ella no le quedaba más que despedirse del mago y dejarlo perecer.
...aun tiempo después, a pesar de haber perdido la vista, ella seguía disfrutando del sol ponente a través de sus ojos ¡el mago en realidad lo era!
Todo era normal, ella podía molestarse, pero el mago comprendía su enojo, el cual tranquilizaba cuando le correspondía (léase entonces cuando él sabía que lo había provocado conscientemente). El mago podía molestarse, pero enseguida se daba cuenta si su malestar era provocado por ella, o si había sido él mismo quien se impedía ser feliz. No es que no discutieran como puede verse, sino que mejor dicho, se enojaban sin dejarse de querer el uno a la otra.
Sus días transcurrían, ella leyendo sus historias, y el mago haciendo un sinfín de cosas cotidianas. Cada noche, el mago moría al conciliar el sueño, para renacer en los brazos de ella. Su mañana era dedicada por completo a verlo crecer, crecer hasta ser el que ella recordaba cuando el reloj tenía ambas manecillas apuntando al sur, y ya con su memoria repuesta, se dedicaban ambos a cocinar la cena, a preparar sus ropas para el paseo vespertino, a cenar a la luz de una vela (que el mago tenía la delicadeza de encender). Al acostarse, a ella no le quedaba más que despedirse del mago y dejarlo perecer.
...aun tiempo después, a pesar de haber perdido la vista, ella seguía disfrutando del sol ponente a través de sus ojos ¡el mago en realidad lo era!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)